
¿Y si me quito el delantal
y me disfrazo de mi misma?
con coquetería y esas cosas
laca para el pelo, las uñas pintadas
barrita de labios sensuales.
¡Ay, soñar soñar mientras friego los trastos
y mi marido sin dar golpe
(ni en la cama) y la prole bullanguera
(si esto parece un ring de boxeo,
de pelea de gallos, batalla campal)
y ya no sé que hacer con el techo
que se me cae encima!
Un buen vestidito, de
los que vi hoy por la tele,
el de la actriz esa, que no
me acuerdo su nombre,
sí, esa, la novia del deportista.
Y yo así de guapa, con mis pechos
recargados sensualidad y escote,
meneando mi cabellera sin necesidad
del ventilador (que ya no me funciona).
Así, me dirijo voluptuosamente al deportista,
el de las piernazas y esos labios de dan
ganas de estrujar con cualquier
parte de mi cuerpo aún serrano
(a pesar de lo que diga mi marido).
Ahora, hacia el espejo para
embriagarme de mi misma
ojitos de cordero degollado
pero antes, señor señor,
tengo que quitarme el delantal,
arreglarme un poco, ¡si esa no soy yo!
¿Quién me ha empujado hasta caer
en este melodrama de mujer hacendosa
máquina en la noche para un solo hombre?
Se acabo, Maruja, ¡se acabó!
hoy me disfrazo de mi misma, me lanzo
a la aventura más allá de estas paredes...
¡Dios santo, con tanto desvarío
y mi marido que llega, está abriendo la puerta
y yo sin la cena preparada!
Lo que me espera
lo que me espera
reina de un reino de miseria
¿o esclava de las circunstancias?